La muerte de la conocida gran hermana británica lleva a primera plana el debate sobre hasta dónde debe ellegar la telerrealidad. La concursante del conocido reality show murió finalmente el pasado 22 de marzo, tras vender sus últimos meses de vida a la televisión.
Para repasar sus últimos años de vida no hace falta ir más allá de lo que los telespectadores han podido ver desde sus hogares. Todo comenzó con su entrada en 2007 en el GH británico, donde una discusión en la que acabó insultando a una compañera por su origen indio llevó a Goody a participar en la edición india del programa al año siguiente. Pero su estancia en el reality se vio interrumpida por la noticia de que le habían detectado un cáncer.
Tras la noticia y sabiendo que no le quedaba mucho tiempo de vida, Jade decidió vender su vida privada a las televisiones, para dejar el dinero como herencia para sus hijos. Así se sucedió la retransmisión de su boda con Jack Tweed y la de su bautismo y el de sus hijos. Tras su muerte, la familia pidió privacidad en el entierro...¿Ahora piden privacidad?
Ahora piden privacidad, y ahora surge el debate. ¿Se la dan o no? ¿La merece? Surgen confrontaciones y la gente defiende lo que cree justo. Quiza sea conveniente analizar la situación. Resulta curioso que, tras haber vendido toda su vida hasta su muerte, ahora se quiera algo de privacidad, la respuesta por parte de los medios fue claramente "No". ¿Acertada o fuera de lugar?
Desde mi punto de vista, llegados a este punto, era acertada. El circo mediático creció tanto que la historia necesitaba llegar hasta su final. Ya sea por morbo, por audicencia o por lo que se quiera, decidir si esta retransmisión era adecuada o no es algo que tenía que haberse hecho tiempo atrás, cuando se inició el espectáculo.
Lo que empezó como una participación en un reality terminó por convertirse en un monstruo televisivo, y, como si de una bola que se hace más y más grande se tratase, llegó un momento en el que era imposible pararlo. Por eso, puestos a cortar, cortemos de raíz.
Pero hasta para eso hay debate. ¿Quién tiene la culpa de que se monte tal espectáculo? Todo el mundo echa la culpa al resto, unos dicen que es culpa de la propia "gran hermana", otros que es de las cadenas de televisión y estas últimas nos remiten a "la petición de la audiencia". Gracioso: es culpa de la audiencia que lo demanda, las masas, los telespectadores, la población... ¿quién mejor que un enorme grupo impersonal para quitarse responsabilidades?
Dando por hecho la responsabilidad de la propia Jade, cuya actitud y decisiones no me parecen correctas, creo en el papel de los medios como "gatekeepers", como "puertas" que controlan que pasa y que no, son los que eligen que se retransmite, por mucho que la audiencia demande ellos son los que tienen la última palabra. Que se dejen llevar por el deseo de audiencia y dinero, o prefieran mantenerse dentro de cierta ética, depende de cada medio, pero lo que si es cierto, es que son ellos los que peuden controlar qué y cómo se emite.
